sábado, 15 de noviembre de 2008

Ser soñador

Soy persona fantasiosa, anhelo fervientemente alcanzar lo que yo llamo ideales; no me importaría arriesgar mi felicidad en el camino, abandonar mi dicha en la cruzada de la búsqueda de la realización de mi objetivo que, en muchas ocasiones, me es incierto. Soy un nefelibata hospedado en la tierra, imagino un mundo diferente, tierra quimérica. Estoy disconforme con esta realidad abrumadora. Voy en busca de otro universo que me permita subsistir en conformidad con mis deseos.

Ser un nefelibata acarrea híbridas consecuencias: sentir el fervor y la gloria de habitar en ese mundo de perfecta fantasía, de realidad idealizada donde todas esas quimeras de la mente se transmutan en la forma querida; y desquebrajarse desmedidamente por comprender que aquel sueño era sólo eso: afán exagerado de permanecer en un orbe hadado imposible.
Envidio en demasía al joven corriente, complacido con: poseer la mayor cantidad de cuerpos femeninos, ejercer hegemonía imperiosa sobre el prójimo, tener en su haber la mayor cantidad de alhajas y fortuna. No puedo enamorarme de más de una mujer, no soy presumido ni me interesa el dinero en exhorbitantes cantidades.

Es ahora cuando comprendo a todos los suicidas realizados y en potencia. Es difícil vivir en un mundo corrompido por la superficialidad, donde los sentimientos son despreciados vilmente y predomina una apariencia engañosa, guardo mi fe en las futuras generaciones, ojalá puedan vivir en el mundo en el que yo no pude vivir. Soy un desterrado de las nubes, niño perdido que no encuentra hogar. Ser soñador es complicado, quizá nací en el planeta equivocado.

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