Tuve la oportunidad de leer a medias una de sus obras. La mujer de mi hermano es un libro de pasiones encontradas, de secretos recónditos. Pasé un muy buen rato leyendo en esas dos horas mientras esperaba en la librería con un amigo a que los demás salieran del cine. Su obra te atrapa y te sumerge hasta lo impensado, trata de darle a cada párrafo de su novela el suspenso necesario para no aburrirte de ella. A menudo leo su columna donde semanalmente publica artículos variopintos. "Papeles perdidos" es la denominación que le da en un diario peruano a su segmento donde relata –sin reparo alguno– acerca de sus intimidades y la de los demás.
Su vida es iluminada por tres mujeres. Sandra su ex esposa –amiga fiel, y amante furtiva aún después de su separación– le ha dado dos regalos invalorables: Camila y Paola, que desatan en él la más tierna de las pasiones y son fuente de inspiración de sus cursilerías más profundas.
Honesto mentiroso, cuenta sus verdades ensalzándolas como todo un megalómano. Irreverente como ninguno, va de frente y no piensa dos veces en hacer preguntas personales u oprobiosas a personalidades de pantalla. Iconoclasta, trovador de lo banal, nos hechiza con sus palabras.
